Fecha Donación

2008

ESTE ES UN AGRADECIMIENTO A MI QUERIDO HERMANO POR HABER SIDO UNA PERSONA TAN BUENA a SUS 16 AñOS Y ADEMAS HABER QUERIDO SIEMPRE DAR VIDA A OTRAS PERSONAS. TE AMO HERMANO. DONDE ESTÉS EN EL CIELO QUIERO DECIRTE QUE TE AMO.

Tu hermana Angélica

DEL DOLOR SILENCIOSO AL AMOR SIN FIN

Luis Alejandro Nitrihual Valdebenito

Ahora que estoy sentado aquí frente a un indefinible cielo azul claro, donde se esparcen algunas nubes, pienso siempre en nuestras tardes. Y creo que los días siempre van siendo más oscuros desde que nos ocurrió la tragedia de tu partida. Incluso aquí lejos, mientras digito en las teclas y tan lejos del hogar como estoy hoy, en un Madrid frío y desconocido, o mientras transito por el metro circular y pego mi cara a los acrílicos del metro y el vaivén me adormila, puedo sentir como corren los recuerdos en mi.

Entonces reflexiono en lo que dice José Antonio Marina en El Laberinto Sentimental sobre la memoria, cuando dice que la memoria no es un depósito de información, un cuarto oscuro desde donde uno obtiene imágenes del pasado; es más bien una información que somatiza en el cuerpo sabores, olores, momentos, relaciones y que permiten operar sobre el presente. Mientras camino por estas calles viejas, por las que tu estabas tan contento que caminara, puedo escuchar tu voz de niño susurrando a mi oído. Es como un estremecimiento terrible y flagelante de dolor, pero de un dolor distinto y que va cambiando cada vez, va transformándose en algo difuso y que debe ser un sentimiento que sólo sienten las familias que han perdido a un joven o a un niño. Rilke decía que sólo los muertos jóvenes podían alcanzar la gloria, puede que tuviera un poco de razón, aunque eso es también terrible.

Estoy convencido, mientras voy corriendo por el puente Segovia, para entrar luego a los Jardines de Sabatini, y mientras mi respiración se va acortando, que una especie de ser indefinible se deposita en nuestros cuerpos, ya no sólo en la memoria, sino que algún resto de tu cuerpo extinto, va quedando en nosotros y nos respira cada día y hasta el fin de la vida.

Desde mi habitación puedo ver una catedral cuyo nombre no recuerdo con claridad, y creo que la muerte es en algunos momentos una liberación dolorosa, Heidegger lo supo antes que nosotros, Pablo de Tarso también lo supo, y creo que tienen razón, que la vida es una bella miseria en la que hay que estar para saber que tal se vive.

Hace un tiempo, leí la hermosa carta que escribió Cristián Warken a su hijo fallecido en una piscina de su casa, y mientras la leía pensaba que la vida era miserable, ruin e injusta y que las cosas como la personas siempre van dejándonos restos con los que reconstruir la soledad que dejan. Eso pienso ahora mientras el cielo se va oscureciendo rápidamente. De ti recuerdo la risa, una risa larga y tan contagiosa que nos hacía admirarnos de la alegría que tenía tu vida. Huelo los viejos aromos por donde corríamos por las tardes, y corríamos como corren las lágrimas por mis ojos olvidados por dios, por mi llanto de las noches magras y amargas contra ese dios infantil que a ratos nos olvida.

Rescribo tus bromas y malos chistes todos los días, y me río, me río de verdad, pues eran buenos chistes, aprendidos de tu hermano, entonces es como si un trozo de mi vida se ha ido para siempre y sólo queda lo que Marina llama laberinto, pero este laberinto no es borgeano, ni siquiera literario, ni tampoco el de Marina, es un laberinto con una estela de dolor cósmico, de dolor infinito, de llanto que como dice una canción de los Cafetacuba, seca el suelo y luego no pueden crecer más que espinas.
Recuerdo tu intento de tocar guitarra y tu música es ahora el mejor regalo, pues es la misma música que te enseño tu hermano y esa es la música del estómago de hoy. Entonces, esos acordes también viajan en mi cuerpo y me hacen sufrir. Entonces me pregunto si seré el hombre más miserable de la tierra y pienso que no, creo que el dolor es menos intenso al saber que ayudaste a otras personas.

Vuelvo al libro de Marina, y es posible que lo único que tengamos sea esa capacidad de dar a lo otros, la vida podría ser reducida a hacer felices a los otros. Al menos eso hace humano al humano, nos permite alegrarnos de que los otros sigan con vida. El dar es el darse, es el conocer y el conocerse, de modo que de todo dolor implica el sacrificio de dejar ir y ese sacrificio nos hace humanos en una sociedad de la inhumanidad como es la nuestra.

El argumento religioso contra la donación, es un mal chiste de seguro, ser donante es el regalo, es el sacrificio cristiano por el otro, y desde la humanidad laica, es la posibilidad de sentir compasión por el otro, no es la solidaridad de 100 pesos ni la de tiempos de caridad, sino la humanidad de acercarse a los otros sufriendo.

He leído los textos que los familiares le escriben a sus hijos, padres, hermanos, esposos y esposas, y es como un río que fluye por dentro de las personas, entonces ya no son sólo palabras, son el dolor y el renacimiento de la esperanza de quienes han pensado en el otro, de quienes han buscado prolongar la vida en los otros, esperando nada.

Algún día escribiré algo mejor que este llanto que parece texto o este texto que es sólo un espejismo de dolor, por ahora los dejo en paz.

Este es un pequeño texto dedicado a mi hermano Javier y a toda mi familia.

Madrid, 30 de diciembre de 2008.

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