Fecha Donación

24 Septiembre 2005

Edad

17 años

Ojalá este rayito de luz ilumine a aquellos hogares...

Empezar estas líneas ha tocado fibras profundas dentro de mí... cada instante que me disponía a escribir, veía como mi pecho palpitaba aceleradamente y mi respiración se acortaba. Finalmente en la oscuridad de la madrugada, tomé el hilo y me dispuse a escribir... palabras inspiradas por el espíritu.

Sumergida en la tristeza más profunda donde puedo estar, sentir y oler el dolor, de no tener a mi hijo. .
Me mueve el deseo de comunicar mis sentimientos, reacciones, reflexiones y creencias, inspirada por el valor de irradiar esperanza a mi familia que en este momento, está padeciendo la desgarradora experiencia de perder a Vicente.

¡Cuántas veces hemos deseado fervorosamente una vida feliz, sin dificultades, sin sufrimientos! Sin embargo, esa existencia es meramente utópica e inhumana. Lamentablemente, nuestro existir está condicionado por la dificultad y por alguna forma de sufrimiento.

Necesito valor para enfrentar el dolor que causa la muerte de un hijo, se necesita apoyo, hasta del que no nos conoce, con su oración. Necesito coraje para arrancar el miedo, un miedo que invade, que paraliza, una tristeza que nos envuelve e inestabiliza, unas culpas que se entierran como agujas por todo el cuerpo noche y día, añorando cada amanecer de un nuevo día tener a mi hijo adorado con nosotros.

Vicente murió el 24 Septiembre de 2005, cuando tenía 17 años y un mes con días, a consecuencia de un accidente de tránsito camino o a la entrada de su colegio, aún no lo sé y pasará tiempo antes de preguntar tiempos o circunstancias... sólo él sabe y lo dejaré tranquilo. ...

Esa mañana llena de sol a minutos de empezar uno de los carretes más esperados después del invierno, la primavera, el desayuno estuvo lleno de cariños, como siempre, y como siempre te quiero... que Dios te bendiga y el decía...no te preocupes estaré bien, te quiero, nos vemos.

El teléfono sonó como a las 10 de la mañana, imaginé que era otra travesura en su colegio, pensé no contestar, total sólo quedaban minutos para empezar su fiesta y no se la iba a negar enojándome con él, ya volveríamos a conversar, la insistencia fue en el celular y sí conteste, era el rector del colegio, es más serio me dije... aló, habla con ella, su madre, se oscureció todo, al otro lado del teléfono la noticia era otra,... insistía que me necesitaban urgente en el hospital más cercano de su colegio, se me acabó la mitad de mi vida en ese instante, ya había vivido situación parecida, cuando falleció su padre producto de un accidente...y mi Vicente estaba en la guatita y mi hijo mayor Diego, tenia cuatro años, por el cual hoy tengo vida y fortaleza.

... mil preguntas llegan a mi mente...en este momento.... ¿Sufrió antes de morir?, ¿Se asustó?, ¿Cómo enfrentar la vida sin él?, ¿Por qué a mi hijo?, ¿Qué mal he hecho yo para merecer este castigo?, ¿Qué voy a hacer sin mi hijito?, ¿Qué será de mi otro hijo?, ¿Con una madre triste toda su vida? Estas son, una y otra vez, las preguntas e imágenes que me torturan, rodeada de muchos seres queridos que desean aliviar nuestro dolor. Doy gracias a esos abrazos, rezos, llamadas de preocupación, que nos permitirán sobrevivir esta primera etapa.
Enterrar a mi hijo... despedirme, preguntarle a Dios dónde estará mi pequeño: "¿Esa vida eterna realmente existe?" "Si eres tan bueno: ¿Por qué te lo llevaste?..." "Permítele a la Virgen tenerlo en sus brazos". Mi corazón se me desgarra, no puedo llorar, ciento que el dolor está encarnado en mis entrañas, que no va a salir. Siento que no voy a poder vivir.

Quise estar a su lado, siento que he fracasado como madre, cuestiono la existencia misma de la vida, se desmoronan mis cimientos, mis valores, mis creencias.
Mi Familia, sin Vicente, no será la misma, falta la otra mitad, mi otro hijo.
Los sentimientos me aterrorizan, en estos momentos son dolorosos de enfrentar, irreales, provocados por nuestra propia vulnerabilidad, somos limitados y afloran nuestros errores.
Después del entierro pienso que pudiésemos acariciarnos con mucha más benevolencia, misericordia y paciencia!

Este acto de humildad nos permitirá enseñar a nuestros hijos a enfrentar la adversidad en situaciones dolorosas.
Ojalá este rayito de luz ilumine a aquellos hogares que tienen la fortuna de no sentir ese vacío, tomando conciencia de nuestra vulnerabilidad como seres humanos, para así poder enfrentar el sufrimiento o la muerte de los demás

Diseñado y Desarrollado por Servicios Seis Diez Ltda.