|
Cuando mi vida haya terminado, tomen de mi cuerpo todo lo que a otros sirva, para continuar viviendo y tener una vida más plena.
Den mis ojos a alguien que jamás haya visto la aurora o la cara de un niño, o el amor en la cara de una mujer.
Denle mi corazón a alguien, cuyo propio corazón le ha causado interminables días de dolor.
Den mi sangre al adolecente que haya resultado mal herido en un accidente, de manera que con esa ayuda, pueda ver jugar a sus nietos algún día.
Den mis riñones a un enfermo, que hoy depende para sobrevivir de una máquina cada tantos días. Tomen mis huesos, cada músculo, cada fibra y nervio de mi cuerpo y encuentren la manera de hacer que pueda camniar un niño impedido.
Si algo quedara para ser enterrado, que sean mis pecados, debilidades y todos mis prejuicios contra mis semejantes, entreguen mi alma a Dios.
Si hacen todo lo que les he pedido, viviré siempre.
Robert Test, - USA |