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Amor, cielo mío: al morir no me lleves al campo tiéndeme en tus manos cual estrella al clarear llévame directo al quirófano, entrégame al bisturí que lento, cauteloso sentirá mis átomos vibrantes de música para alegrar a otros.
No me lleves, directo al valle, déjame dar vida como semilla regaré los sedientos que esperan mi sangre fluía, como agua; en los desiertos salibares de su cuerpo, en hondas quebradas renacerá la savia, desnuda abierta de par en par, alargadas cual tallos, la naciente frescura de la vida.
Desnuda mi cuerpo lapidario a flor de tierra irá. Amor mío, llévame donde el sol se señoree en el campo Sí, allá, donde los míos me esperan, Siémbrame semillas nuevas. -Deidades de oro - Que se enraicen en mi frente, que crezcan en mis brazos.
Subiré en primavera; a ver sus ojos mansos y una tarde en un soplo de viento, mi serenidad y grandeza será; haber dado vida.
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De tus ojos trasnochados evoco los suaves inviernos transformados hoy en fuego que lame tu cintura tramonto las líneas de tu vientre rocoso donde hay pasos de agua viva para beberlos día a día en sales abiertas de límites embrujados transitorias las horas en que tu boca beso los mares de mi existencia por qué, se fue por el río por qué me bebió la sombra transgredidas rasgadas en orillas, tus verdades la memoria que vuelve y renace en el ojo huracán medio muriendo de la sangre que lame mis heridas transbordado voy a deshacer las cumbres del olvido remonto del abismo iluminado caigo en sueños fatuos por la hogera en mi emblema, soy de puro nardo trastocados inmóvil, insegura cabizbaja la figura emerge de las ruinas del llanto de tus ojos ensangrentados cuando ruge, la furia de las minas.
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