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Marvelita... han pasado seis meses desde que nos dejaste. Con dolor tratamos de aprender a vivir sin ti, con la esperanza del reencuentro en la vida eterna. Doy gracias a Dios de haber podido compartir muy cerca de ti los últimos 25 años. Aprendí muy fácilmente a conocerte y amarte, ahora junto a nuestros hijos me siento envuelto en tú infinito amor, tú vida fue de entrega total a los que te rodeaban.
Tú sabías querer desde el fondo de tú alma y en tú extrema sensibilidad necesitabas el cariño de los demás. Nunca tus labios pronunciaron palabras negativas sobre alguien. Sabías perdonar a los que te herían y eras muy abierta a pedir perdón si habías ofendido. Marvel mía, como mujer de fe siempre estuvo presente en ti tú sentimiento de amor por Tatita Dios y nuestro Señor Jesús.
Eras inteligente, sensible, emotiva, carismática y una líder positiva. Demostraste ser esforzada y perseverante, así fue que no conforme con tus estudios y para ayudar en las tareas de tus hijos decidiste repetir la enseñanza media y rendir la PAA obteniendo el más alto puntaje de tú promoción.
Desde joven desarrollaste tú habilidad por la cerámica, era tú hobby, te entretenías y te relajabas. Hasta integraste una agrupación de artistas plásticos, allá en el lejano Chiloé, ¿te acuerdas? Tenías una alegría espontánea y un gran poder de comunicación, de adaptarte a las demás personas y de ayudar sin límites.
Por sobre todo fuiste una hija respetuosa y cariñosa, esposa abnegada y madre ejemplar. Tu imagen y tu recuerdo están grabados y atesorados en nuestra mente y corazón. Mis ojos se llenan de lagrimas cuando nuestros hijos hablan de "mi mamy" siendo el reflejo de todo el cariño que durante tu vida supiste entregar. Hoy solo nos queda darte las gracias por todas las enseñanzas que nos dejaste.
Un terrible accidente truncó tu vida, nos cuesta aún comprender las razones de lo ocurrido y más todavía evitar sentir dolor. Mientras tanto solo queda seguir recordándote con mucho amor manteniendo vivo en nuestros pensamientos la corta pero preciosa vida que nos permitió vivir juntos.
Estos meses que ya no estás con nosotros, ha sido difícil no oír tu voz todos los días, pero te sentimos a nuestro lado. Es difícil aceptar tu ausencia terrenal, pero nos sigues dando lecciones desde arriba a través del testimonio de mucha gente que nos ha entregado su afecto y agradecimiento por tu silenciosa ayuda. Como madre te aprovechamos totalmente, dejaste grabados en nosotros valores importantes que nos preocuparemos de trasmitir siempre, para de esta manera dejar en el mundo tu trascendencia. Te extrañamos como esposa, madre, amiga y compañera de todos los días, ojala en el mundo hubiera muchas mujeres como tu. Marvelita, eras fuerte, sencilla, oportuna, con un corazón siempre dispuesto a entregar y apoyar al que estuviera a tu lado. A todos nuestros familiares y amigos les invitamos a recordar el día de su partida rezando un Padre Nuestro y un Ave María por el eterno descanso de su alma.
Tu esposo Eugenio y tus hijos, Andrés, Juan Pablo y Javier
Santiago de Chile, 18 de Octubre del 2005 |